Artículo Original
Impacto de la hidratación parenteral sobre la calidad de vida en pacientes adultos en cuidados paliativos: revisión de la literatura
Candelaria María Cafferata, Dolores Castro
Revista Fronteras en Medicina 2025;(03): 0167-0174 | DOI: 10.31954/RFEM/202503/0167-0174
Introducción. La hidratación parenteral en pacientes en fin de vida se utiliza para aliviar síntomas y mejorar la calidad de vida cuando la ingesta oral disminuye. No obstante, la evidencia sobre sus beneficios clínicos es incierta. Esta revisión sistemática evaluó el impacto de la hidratación parenteral en la calidad de vida y síntomas en adultos en cuidados paliativos.
Métodos. Se realizó una búsqueda en PubMed, Cochrane CENTRAL y Biblioteca Virtual en Salud (BVS) que incluyó estudios primarios en inglés y español, sin límite de tiempo, que evaluaran síntomas, seguridad y calidad de vida en pacientes adultos.
Resultados. Se seleccionaron seis estudios publicados entre 2000 y 2024: tres ensayos clínicos y tres estudios observacionales. Los resultados no mostraron mejoras consistentes en calidad de vida o síntomas, aunque se observaron algunas mejoras en escenarios clínicos concretos. La intervención demostró ser generalmente segura, aunque en algunos casos con efectos adversos leves.
Conclusiones. La evidencia actual no demuestra que la hidratación parenteral mejore de forma consistente la calidad de vida o clínica del paciente en fin de vida. Por tanto, su indicación debe individualizarse en cada caso según el contexto, la clínica y las preferencias del paciente y su familia.
Palabras clave: cuidados paliativos, fin de vida, hidratación parenteral, calidad de vida, síntomas, confort, seguridad.
Background. Parenteral hydration in end-of-life patients is used to relieve symptoms and improve quality of life when oral intake decreases. However, evidence regarding its clinical benefits remains uncertain. This systematic review evaluated the impact of parenteral hydration on quality of life and symptoms in adults receiving palliative care.
Method. A search was conducted in PubMed, Cochrane CENTRAL, and the Virtual Health Library (BVS), including primary studies in English and Spanish without time limits, which assessed symptoms, safety, and quality of life in adult patients. Six studies published between 2000 and 2024 were selected: three clinical trials and three observational studies.
Results. Results showed no consistent improvements in quality of life or symptoms, although some benefits were observed in specific clinical scenarios. The intervention was generally safe, with mild adverse effects reported in some cases.
Conclusion. Current evidence does not demonstrate that parenteral hydration consistently improves quality of life or clinical outcomes in end-of-life patients. Therefore, its indication should be individualized according to each patient’s context, clinical condition, and personal and family preferences.
Keywords: palliative care, end of life, parenteral hydration, quality of life, symptoms, comfort, safety.
Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.
Fuente de información Hospital Británico de Buenos Aires. Para solicitudes de reimpresión a Revista Fronteras en Medicina hacer click aquí.
Recibido 2025-02-22 | Aceptado 2025-04-26 | Publicado 2025-12-31
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Introducción
La hidratación parenteral (HP), ya sea por vía intravenosa o subcutánea, en adultos que reciben cuidados paliativos, se utiliza con la expectativa de aliviar síntomas, mejorar la calidad de vida al aumentar el confort, o prolongar la supervivencia cuando la ingesta oral de los pacientes en fin de vida disminuye. No obstante, la evidencia científica que respalda esta intervención es heterogénea y limitada: dos revisiones sistemáticas Cochrane realizadas en 2014 y 2023 sostienen como conclusión que los beneficios son inciertos y la certeza sobre resultados escasa; además, un ensayo clínico aleatorizado multicéntrico doble ciego en cáncer avanzado no encontró mejoras significativas en síntomas, calidad de vida ni supervivencia con HP frente a placebo1-3.
Las diferentes guías de práctica clínica proponen decisiones individualizadas y compartidas, con evaluación diaria del estado de hidratación y consideración de un ensayo terapéutico de HP cuando haya signos y síntomas compatibles con deshidratación, manteniendo el foco de las decisiones terapéuticas en el confort y la proporcionalidad de medios en las intervenciones realizadas en los últimos días de vida4,5.
Aunque los ensayos clínicos aleatorizados disponibles no muestran beneficios consistentes de la HCA sobre la calidad de vida, síntomas o supervivencia, la literatura observacional sugiere que podría haber beneficio sintomáticos en algunos subgrupos y momentos específicos del fin de vida, especialmente con hipodermoclisis en contextos geriátricos o comunitarios. Estas posturas, sin embargo, parten de muestras pequeñas, instrumentos heterogéneos y ventanas temporales dispares, por lo que la certeza global sigue siendo muy baja. Además, síntesis de evidencia sobre hipodermoclisis la consideran viable y aceptable, pero inconclusa cuando se utiliza estrictamente en población paliativa6-8.
Junto con la posibilidad de alivio sintomático, la HP conlleva riesgos potenciales, como sobrecarga hídrica, edema, incremento de secreciones bronquiales o disnea, que pueden contrapesar el beneficio esperado en etapas avanzadas del trayecto paliativo. Algunos estudios observacionales han descrito asociación entre mayor ingesta hídrica en las 48-72 horas previas a la muerte e inquietud terminal en las últimas 24 horas, lo cual refuerza la necesidad de individualizar la indicación. Posiciones institucionales en cuidados paliativos recomiendan decisiones proporcionales, informadas y compartidas, ya que la hidratación artificial no suele prolongar la vida y puede aumentar la carga sobre el paciente9-11.
Dada la heterogeneidad de la evidencia y la incertidumbre de las prácticas señaladas, se justifica una síntesis sistemática que priorice resultados centrados en la persona (calidad de vida, sed, confort, disnea), seguridad (signos de sobrecarga) y prolongación de la supervivencia, en pos de documentar de manera transparente el balance de riesgos/beneficios para tomar la decisión de administrar o no HP en pacientes en fin de vida.
Esta revisión tiene como objetivo evaluar el impacto real de la hidratación parenteral sobre la calidad de vida de pacientes adultos en cuidados paliativos, a partir del análisis de la literatura científica disponible. Comprender este impacto permitirá contar con información que oriente al equipo de salud hacia decisiones centradas en la calidad de vida del paciente. Esta revisión pretende contribuir a la generación de recomendaciones clínicas basadas en evidencia, aplicables en el contexto de los cuidados paliativos.
Se realizó una revisión sistemática de la literatura científica disponible, utilizando como base las recomendaciones de la guía PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses) con el objetivo de sintetizar la evidencia disponible sobre el impacto de la hidratación parenteral en la calidad de vida de pacientes adultos en cuidados paliativos.
La búsqueda se llevó a cabo en bases de datos biomédicas: PubMed/MEDLINE, Cochrane Central Register of Controlled Trials (CENTRAL) y Biblioteca Virtual en Salud (BVS). El período de búsqueda comprendió desde el 8 de mayo hasta el 2 de octubre de 2025.
• Estudios primarios (ensayos clínicos aleatorizados, estudios clínicos controlados y observacionales) que evaluaran el impacto de la hidratación parenteral en pacientes adultos en fin de vida o cuidados paliativos.
• Investigaciones que reportaran resultados centrados en la calidad de vida, confort, sed, disnea, alivio sintomático, seguridad (eventos adversos relacionados a la hidratación parenteral) o prolongación de la supervivencia.
• Publicaciones en inglés y español con texto completo disponible de manera gratuita.
• Estudios realizados en población pediátrica.
• Artículos que abordaran exclusivamente nutrición parenteral o enteral sin incluir hidratación parenteral.
• Revisiones narrativas, editoriales, cartas al editor o comentarios.
• Estudios en los que no se reportaran resultados relacionados con calidad de vida o síntomas.
Definición operacional de Fin de Vida y Desenlaces considerados
Para los fines de esta revisión se consideró “fin de vida” al período en el que el paciente se encuentra bajo tratamiento paliativo con expectativa de vida limitada, generalmente inferior a dos a tres semanas según lo reportado por los autores de cada estudio clínico o el criterio del equipo médico tratante.
El desenlace principal fue la calidad de vida. Sin embargo, dada la limitada cantidad de estudios disponibles que la evaluaran mediante indicadores clínicos validados (como el FACT-G o el ESAS-QoL), se incluyeron también como desenlaces secundarios los síntomas físicos o psicológicos (por ejemplo, sed, disnea, delirium, confort global, entre otros), considerándolos indicadores de calidad de vida en contexto paliativo.
Finalmente, se incluyeron también variables de seguridad y efectos adversos (retención hídrica, secreciones bronquiales, edema) ya que estos influyen directamente en el confort y bienestar global percibido, y por tanto inciden en la calidad de vida.
La búsqueda se llevó a cabo en bases de datos biomédicas: PubMed/MEDLINE, Cochrane Central Register of Controlled Trials (CENTRAL) y Biblioteca Virtual en Salud (BVS). Se utilizaron términos controlados (MeSH/DeCS) y texto libre relacionados con “palliative care”, “end of life”, “terminal care”, “hydration”, “parenteral hydration”, “subcutaneous hydration”, “hypodermoclysis”, “quality of life”, “comfort” y “symptom relief”. Los términos se combinaron mediante operadores booleanos, adaptando la estrategia a cada base de datos.
No se establecieron límites de fecha de publicación. Se incluyeron artículos en inglés y español. En PubMed se aplicaron filtros para ensayos clínicos (Clinical Trials y Randomized Controlled Trials). En Cochrane se limitaron los resultados a estudios clasificados como trials. En BVS se aplicaron filtros para texto completo disponible, descriptores principales “Fluidoterapia” y “Calidad de Vida”, tipo de estudio “observacional” y “ensayo clínico controlado”, e idiomas inglés y español.
En la última base, se utilizó el filtro de acceso a texto completo debido a las limitaciones de acceso institucional, reconociendo este criterio como una posible fuente de sesgo por imposibilidad.
Proceso de cribado y selección de artículos
La selección y cribado de artículos se llevó adelante en dos fases:
1. Revisión de artículos por título y abstract, descartando los que no cumplían los criterios de inclusión.
2. Revisión a texto completo para confirmar la elegibilidad de los artículos preseleccionados.
El proceso fue realizado por una sola revisora. En pos de garantizar la transparencia del proceso de selección, el proceso fue documentado en un diagrama de flujo PRISMA así como también se documentó el motivo de exclusión de aquellos artículos eliminados.
Evaluación de la calidad metodológica
La calidad de los estudios seleccionados se evaluó mediante el uso de las Fichas de Lectura Crítica (FLC 3.0), aplicadas por una única revisora y clasificados según alto, medio o bajo nivel de calidad metodológica, lo que permitió valorar la validez interna y aplicabilidad de los hallazgos de cada estudio.
Extracción y síntesis de datos
La extracción de datos fue realizada por la misma revisora, mediante una tabla de contenidos que incluyó las siguientes variables:
• Autor y año de publicación.
• Lugar del estudio.
• Diseño metodológico.
• Características de la población (tamaño muestral, edad, diagnóstico).
• Intervención.
• Comparador.
• Outcomes.
• Resultados.
• Nivel de calidad metodológica según FLC 3.0.
La información se sintetizó en una tabla comparativa y se organizó en narrativas descriptivas. Dada la heterogeneidad de los estudios, los resultados se presentaron mediante una síntesis narrativa y no se realizó metaanálisis.
La búsqueda bibliográfica identificó un total de 40 registros, distribuidos de la siguiente manera: 22 en la Biblioteca Virtual en Salud (BVS), 12 en la Cochrane Library y 6 en Pubmed/MEDLINE. La Figura 1 muestra el diagrama de flujo PRISMA del proceso de identificación, cribado, elegibilidad e inclusión de los artículos.
De los 40 artículos identificados 9 fueron duplicados y 31 evaluados para su elegibilidad. De esos 31, 20 fueron excluidos por no cumplir criterios de inclusión y se procedió al análisis de 11 artículos a texto completo, de los cuales 5 no pudieron ser recuperados. Finalmente se incluyeron 6 estudios en la presente revisión sistemática.
No recuperados fueron aquellos artículos que no podían descargarse de forma gratuita debido a la limitación de acceso institucional al texto completo.
Características generales de los estudios incluidos
Se incluyeron seis estudios publicados entre 2000 y 2024, realizados en diferentes contextos geográficos: Argentina, Estados Unidos, Japón, Suecia y Taiwán. Tres de los mismos correspondieron a ensayos clínicos aleatorizados (Bruera y cols., 200512; Bruera y cols., 20133; Cerchietti y cols., 200013) y tres a estudios observacionales –prospectivos o retrospectivos– (Yamaguchi y cols. 201214; Wu y col., 202115; Lindskog y cols., 202416).
Las poblaciones incluyeron exclusivamente pacientes adultos con capacidad de dar consentimiento para participar (≥16 años) con enfermedad paliativa avanzada. Los tamaños muestrales oscilaron entre 42 y 41.709 participantes. Las intervenciones consistieron en la administración de hidratación parenteral –intravenosa o subcutánea– de volúmenes entre 400 y 1.000 ml/día, utilizando soluciones tanto salinas como glicosiladas. Los comparadores incluyeron placebo, diferentes volúmenes de hidratación o ausencia de hidratación. Las características principales de los estudios incluidos se resumen en la Tabla 1.
La presente revisión analizó la evidencia disponible sobre el impacto de la hidratación parenteral en pacientes adultos en cuidados paliativos. En concordancia con revisiones previas, los resultados muestran que esta intervención no se asocia con mejoras consistentes y/o significativas en supervivencia, calidad de vida o control sintomático, aunque pueden observarse ciertos beneficios puntuales en algunos escenarios clínicos.
Ninguno de los estudios demostró un efecto significativo de la hidratación sobre la supervivencia. Bruera y cols. no encontraron diferencias en la mediana de sobrevida en dos ensayos aleatorizados (21 días vs. 15 días; p=0,83)3,12. Asimismo, Wu y cols. en un estudio prospectivo en Taiwán, tampoco observaron diferencias en la supervivencia de los pacientes que recibieron o no hidratación parenteral en fin de vida15.
Estos resultados coinciden con una revisión Cochrane reciente que concluyó la evidencia para afirmar que la hidratación médica prolonga la vida en pacientes en cuidados paliativos es insuficiente1, y con otras síntesis narrativas que también destacan la falta de evidencia en este aspecto17,18.
En lo que respecta a los síntomas, los hallazgos fueron heterogéneos. Bruera y cols. reportaron mejoría significativa en sedación y mioclonus en el grupo que recibió hidratación12 y Cerchietti y cols. describieron un beneficio limitado en el control de náusea crónica13. Sin embargo, la mayoría de los estudios posteriores no confirmaron dichas observaciones.
El ensayo multicéntrico de Bruera y cols. realizado en 2013 no halló diferencias significativas en síntomas ni calidad de vida3, asimismo, Wu y cols. tampoco identificaron mejoras significativas en delirium o boca seca, aunque reportaron mayor somnolencia en el grupo de pacientes que recibió HP15.
Por su parte, el estudio japonés de Yamaguchi cols. demostraron que el volumen administrado podría influir en algunos síntomas como menor sequedad bucal cuando se utilizaron volúmenes altos, aunque esto también se asoció a mayor riesgo de secreciones bronquiales15.
En el análisis poblacional de Lindskog y cols, la hidratación en las últimas 24 horas se asoció a mayor prevalencia de disnea y náuseas16.
Las discrepancias mencionadas refuerzan lo señalado en revisiones previas, que destacan la falta de consistencia en los resultados y la dificultad para establecer recomendaciones universales1,18.
Los estudios no evidenciaron mejoras consistentes en la calidad de vida evaluada con instrumentos estandarizados y validados. Bruera y cols. no reportaron diferencias significativas en FACT-G o FACIT-F3. Yamaguchi y cols. reportaron estabilidad en la calidad de vida independientemente del volumen de fluidos administrado14.
Sin embargo, Wu y cols. introdujeron el concepto de “calidad de morir”, distinguiéndolo de “calidad de vida” y hallaron que la hidratación se asociaba con una mayor probabilidad de buena muerte (GDS ≥12)15. Asimismo, pacientes en Japón y Taiwán expresaron una percepción positiva del tratamiento aún en ausencia de beneficios clínicos objetivos15,16. Esto coincide con lo señalado por Kingdon y cols., quienes destacan el valor simbólico y cultural de la hidratación en fin de vida tanto para el paciente como para su familia, más allá de sus efectos clínicos17.
En general, todos los estudios reportaron buena tolerancia a la HP. Los ECA reportaron efectos adversos locales en algunos casos como eritema o dolor en el sitio de infusión3,12,13. Yamaguchi y cols. documentaron baja incidencia de retención de líquidos, aunque observaron incremento de secreciones bronquiales en pacientes que recibieron mayores volúmenes14.
En ningún estudio se notificaron complicaciones graves, aunque en el estudio poblacional de Lindskog y cols. se evidenció que la hidratación se asociaba directamente a una peor calidad del proceso de cuidados, aunque esto puede interpretarse como un “efecto adverso organizacional” no necesariamente vinculado a los efectos fisiológicos desprendidos directamente de la hidratación parenteral16.
Durante esta revisión hemos encontrado evidencia limitada e insuficiente de beneficios consistentes en supervivencia o calidad de vida en pacientes en fin de vida que reciben hidratación parenteral, más allá de algunas mejoras sintomáticas puntuales y dependientes del contexto. Esto coincide con la revisión Cochrane (insuficiente evidencia para respaldar dicha intervención) y con síntesis narrativas que también subrayan la inconsistencia de los efectos de la hidratación parenteral en esta población, además del peso de los factores culturales y simbólicos1,17,18.
Es pertinente para analizar los resultados resaltar la heterogeneidad de los estudios incluidos dentro de esta revisión. A pesar de que todos estos estudios midieron el impacto de la HP en distintos outcomes clínicos en pacientes paliativos, hay diferencias significativas que cabe destacar para su interpretación.
Por un lado, en cuanto a poblaciones, aunque predominaron pacientes oncológicos avanzados, las ventanas temporales evaluadas dentro de los estudios fueron diversas (en algunos días, y en otras semanas finales de vida). Esto es importante ya que la fisiopatología de los síntomas como delirium o disnea cambia entre las últimas 24-48 horas y las últimas semanas de vida. Mezclar estos escenarios podría ser una causa potencial de dilución de las señales de efecto.
Por otro lado, las rutas (subcutánea o intravenosa) y los volúmenes, además de la composición, velocidad y duración también variaron entre los distintos estudios. Además, las cointervenciones que recibieron los pacientes (sedación, opioides, haloperidol, cuidados de cavidad oral, oxigenoterapia, entre otras) difieren entre los distintos centros, ya que cada uno tiene su “protocolo de cuidado”.
Adicionalmente, los instrumentos para evaluar los desenlaces y medición fueron dispares, al igual que los outcomes a medir. No todos están validados y en algunos estudios se usaron reportes de cuidadores, lo que podría añadir una fuente de variabilidad.
Finalmente, los contextos culturales son un determinante de las expectativas y valores del paciente y su familia, lo cual puede incluir en la percepción de beneficio aún sin cambios clínicos objetivos (diferencias acentuadas aún más al incluir tanto contextos orientales como occidentales).
Esta heterogeneidad podría ser un punto de partida para explicar la “no significancia” global de la HP, la cual podría ser útil para ayudar a subgrupos muy concretos, pero que diluye su efecto al promediarse con casos en los que no tiene beneficios o incluso aumenta efectos adversos.
Algunas limitaciones recurrentes dentro de los estudios incluidos que también cabe destacar incluyeron el tamaño muestral y la escasa potencia estadística al llevarse a cabo ECA pequeños.
En cuanto a los estudios observacionales, podrían presentarse confusiones por indicación (en ocasiones se hidrata a quienes están más graves o presentan síntomas refractarios) a la par de confusiones dependientes del tiempo (en tanto la exposición y pronóstico cambian cada día).
Aun cuando se tomaron medidas para disminuir el riesgo de sesgo (placebo/volúmenes mínimos) la visibilidad del dispositivo y cambios en diuresis pueden llegar a limitar el enceguecimiento práctico tanto de los pacientes como del equipo de salud.
Aún más, las altas por mortalidad inminente podrían dar lugar a missing data y pérdidas estadísticas.
A su vez, la heterogeneidad de los desenlaces por ser no preespecificados y a su vez múltiples incrementa la posibilidad de hallazgos espurios.
Por último, el foco oncológico presentado en la mayoría de los estudios podría ser una fuente de generalización limitada al haber escasa representación de otras trayectorias.
Estas limitaciones son congruentes con lo señalado por Cochrane y revisiones narrativas1,17,18 y justifican la prudencia al formular recomendaciones universales.
La implementación de ECA de calidad metodológica alta y poblaciones estadísticamente significativas es controversial y frecuentemente cuestionada en esta población. Diversos factores contribuyen a la dificultad de desarrollar este tipo de estudios en poblaciones en fin de vida.
Por un lado, el valor simbólico que pesa en los familiares y equipos al no hidratar a pacientes en fin de vida muchas veces produce que la aleatorización de dicha intervención no sea aceptada.
El consentimiento, la mortalidad y las ventanas temporales breves también pueden resultar un desafío para el reclutamiento y retención de los sujetos de investigación.
A su vez, la heterogeneidad es, en ocasiones, extrema: la mezcla de trayectorias, comorbilidades y cointervenciones requeriría muestras de un n muy alto o diseños adaptativos.
Finalmente, repetir escalas en agonía puede ser desproporcionado, paradójicamente antipaliativo y éticamente cuestionable.
Esto implica que diseños alternativos (pragmáticos, stepped-wedge por servicios, N-of-1 con reglas de parada, análisis observacionales con métodos causales (propensity score balanceado), variables instrumentales factibles como disponibilidad de HP por turno/servicio) podrían ser más éticos y operativos que ECA tradicionales.
Destacaremos, a continuación, algunas de las principales consistencias y tensiones de la presente revisión en relación con algunas revisiones realizadas anteriormente.
En cuanto a las concordancias, se halló, al igual que en revisiones publicadas previamente, insuficiente evidencia para supervivencia1, beneficios sintomáticos no consistentes3,12,14-16, y un valor simbólico y expectativas de beneficio por parte de familiares y pacientes17,18.
Por otro lado, el hallazgo “calidad de morir” de Wu15 abre una vía relevante para la investigación: la HP, aunque no mejore la calidad de vida clásica, sí podría significar una mejoría en dominios tanto existenciales como relacionales que las escalas biomédicas fallan en capturar. A la inversa, las asociaciones desfavorables de Lindskog16 probablemente reflejan la indicación en escenarios de mayor carga sintomática (sesgo de confusión por indicación) y no necesariamente un daño fisiopatológico directamente desprendido de la intervención.
La HP en fin de vida no constituiría una terapia modificadora de la enfermedad, sino que podría entenderse como una intervención de confort y recurso de apoyo orientado a metas concretas de alivio en subgrupos y contextos específicos, y durante ventanas temporales acotadas.
Una prueba terapéutica acotada de 48 a 72 horas con objetivos explícitos permitiría evaluar su utilidad real en cada caso y suspender en caso de que surjan factores adversos.
Debería además reconocerse que, en varios de los estudios analizados, la mejor percepción de calidad de vida pareció estar más relacionada con la intensidad del acompañamiento y atención del equipo de salud que con los efectos clínicos de la intervención en sí misma.
En este sentido, cuando la HP incrementa la presencia y contacto profesional podría generar un bienestar indirecto al reforzar el vínculo terapéutico. Por el contrario, si su implementación medicalizara el proceso de morir al desplazar la mirada del cuidado integral al procedimiento técnico, podría tornarse contraproducente al reducir la calidad de la atención y el acompañamiento emocional durante los últimos momentos de vida.
Los resultados sugieren que la hidratación parenteral no debería indicarse de manera rutinaria ni universal en cuidados paliativos, ya que no existe evidencia suficiente para afirmar que mejora de forma consistente la supervivencia ni la calidad de vida de los pacientes. La decisión de administrar debe individualizarse considerando los síntomas predominantes, contexto cultural y preferencias de cada paciente y su familia.
Para la práctica enfermera, esto implica una evaluación cuidadosa de los síntomas atribuibles a la deshidratación y un análisis crítico para sopesar la proporcionalidad de medios y evaluar posibles riesgos/beneficios, además de una comunicación clara con las familias en pos de abordar tanto las expectativas médicas como el valor simbólico que pudiera tener la hidratación.
La evidencia disponible analizada durante esta revisión no demuestra que la HP prolongue la vida ni mejore de forma consistente su calidad o síntomas en pacientes adultos en fin de vida. Los posibles beneficios sintomáticos son limitados y contexto-dependientes, mientras que la intervención se considera generalmente segura.
Por tanto, la decisión de hidratar no debe generalizarse ni dogmatizarse, sino más bien individualizarse según los objetivos de confort, la situación clínica y las preferencias de cada paciente y su familia, siempre en un marco de una comunicación clara y empática. En varios de los estudios, las mejoras percibidas se han asociado más con la atención del equipo de salud y su cercanía al paciente y su familia que con la HP en sí misma, lo cual refuerza la importancia de un cuidado integral.
Dado que la evidencia actual proviene de estudios heterogéneos tanto metodológica como contextualmente, de muestras pequeñas y estadísticamente poco representativas, se requieren investigaciones multicéntricas más robustas que permitan establecer recomendaciones sólidas, basadas en evidencia y culturalmente sensibles para la práctica clínica.
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