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Editorial

Del “Dr. Google” a la comunidad clínicamente moderada: comunidades virtuales como espacio de cuidado en pacientes con melanoma cutáneo

Gonzalo Rojo, Sofía Landi

Revista Fronteras en Medicina 2026;(01): 0007-0009 | DOI: 10.31954/RFEM/202601/0007-0009


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Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información Hospital Británico de Buenos Aires. Para solicitudes de reimpresión a Revista Fronteras en Medicina hacer click aquí.

Recibido 2025-11-06 | Aceptado 2025-12-05 | Publicado 2026-03-31


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Pocas frases capturan con tanta crudeza el escenario informacional contemporáneo del paciente oncológico, como recogen Pellegrini y cols. en el testimonio de pacientes: “el que te dice que nunca buscó en internet, te miente”1. El comentario, obtenido en el seguimiento de pacientes con melanoma cutáneo, condensa una realidad estructural del cuidado oncológico: el médico tratante sigue siendo la fuente de información más valorada, pero coexiste sistemáticamente con la consulta autónoma a buscadores y redes sociales, donde la calidad del contenido es heterogénea y, con frecuencia, francamente desactualizada. La pregunta clínica relevante ya no es si los pacientes recurrirán a Internet —lo harán— sino qué arquitecturas digitales podemos ofrecerles para que esa búsqueda no transcurra en territorios desregulados.

El trabajo realizado por la Dra. Pellegrini aporta una respuesta concreta. Mediante un diseño mixto exploratorio secuencial, los autores indagaron las necesidades de información y soporte emocional de pacientes con melanoma cutáneo y de los profesionales que los asisten, materializando esos hallazgos en un prototipo de comunidad virtual integrado al portal de pacientes institucional, validado en dos ciclos iterativos1. La mediana en la System Usability Scale fue de 95 puntos en ambas iteraciones (p=0.9), valor que supera ampliamente el promedio de 68 reportado para aplicaciones de salud digital2, aunque los propios autores advierten —con honestidad metodológica— que un sesgo de selección por muestreo no probabilístico podría haber influido. Más allá del valor numérico, el aporte central reside en el proceso: la incorporación rigurosa del enfoque de diseño centrado en el usuario, con participación efectiva de pacientes y equipo interdisciplinario, marca un estándar que la comunidad de salud debería incorporar como condición —y no como aditamento— de cualquier desarrollo digital orientado a pacientes. Los hallazgos confirman además los tres ejes de soporte que el marco de Zhang atribuye a las comunidades virtuales oncológicas —informativo, emocional e instrumental—3, y convergen con experiencias internacionales como Canteen Connect en Australia4, lo que sugiere que los principios de diseño identificados son potencialmente trasladables a otras patologías crónicas.

Calidad de la información

y rol del moderador clínico

La unanimidad entre médicos y pacientes respecto de la necesidad de una figura moderadora con formación clínica define la diferencia ontológica entre una comunidad virtual sanitaria y un grupo no supervisado en una red social comercial. La evidencia muestra que los grupos abiertos exhiben tasas significativas de información imprecisa particularmente en oncología5. En el caso del melanoma, el testimonio recogido en el estudio ilustra el riesgo con precisión. El testimonio recogido en el estudio —según el cual la información disponible en Internet sobre melanoma frecuentemente antecede a la era de la inmunoterapia— ilustra el riesgo con precisión: el paciente no accede a desinformación caprichosa, sino a información correcta para un mundo que ya no existe. La incorporación del moderador transforma la comunidad en una herramienta de alfabetización en salud activa, pero genera una carga organizacional que las instituciones deben planificar: tiempo profesional protegido, formación específica y mecanismos claros de gobernanza editorial. La pregunta abierta es la dosis óptima de intervención: una presencia excesiva inhibe el intercambio entre pares; una insuficiente deja circular información inadecuada en períodos clínicamente sensibles.

Equidad digital y riesgo
de exclusión

Un dato aparentemente menor merece algo de atención: en cada iteración de testeo, uno de los seis pacientes invitados no pudo participar por carecer del dispositivo necesario. Esa proporción —cercana al 17%— anticipa una limitación estructural de cualquier comunidad virtual: la herramienta solo beneficia a quienes ya están del lado conectado de la brecha digital. La salud digital mal diseñada puede ampliar inequidades preexistentes en lugar de reducirlas6. La decisión de los autores de privilegiar un diseño multiplataforma, accesible desde el portal institucional sin instalación de aplicaciones nativas, constituye una respuesta concreta y replicable. Conviene, sin embargo, distinguir entre el acceso al dispositivo y la alfabetización digital en salud (eHealth literacy)7: la complejidad operativa observada durante los testeos sugiere que la oferta de comunidades virtuales debería acompañarse de instancias breves de capacitación inicial incorporadas al onboarding del paciente. De lo contrario, la promesa de empoderamiento queda restringida a un subgrupo etario, socioeconómica y educativamente acotado.

Privacidad, gobernanza y marco regulatorio

La integración de la comunidad al portal de pacientes tiene implicancias regulatorias que merecen explicitarse. En Argentina, los datos de salud son categorizados como datos sensibles por la Ley 25.326, lo que exige consentimiento expreso, finalidad específica y medidas de seguridad reforzadas; el reglamento general de protección de datos de la Unión Europea ha consolidado un marco aún más exigente que ha influido en estándares globales, aunque su adecuación a las prácticas reales de salud digital es objeto de debate creciente⁸. Cada intercambio en el chat, cada imagen del diario de enfermedad, cada testimonio compartido constituye un dato de salud cuya custodia recae sobre la institución. Las decisiones del prototipo —reglamento de convivencia, autenticación, posibilidad de censura por el moderador— van en la dirección correcta, pero el debate institucional pendiente es más amplio: ¿quién es el responsable editorial de la información publicada?, ¿cómo se gestionan las solicitudes de derecho al olvido?, ¿qué política rige la conservación de los intercambios en caso de fallecimiento del paciente? Estas preguntas no admiten respuestas técnicas; exigen políticas formalizadas que involucren a comités de ética, áreas legales y direcciones médicas.

Sostenibilidad e implementación institucional

Los autores identifican con precisión las amenazas para la materialización del proyecto: costos de desarrollo y mantenimiento, y disponibilidad de un moderador clínico. Una comunidad virtual no es un proyecto de software: es un servicio clínico que requiere un modelo operativo sostenible. La literatura muestra que las experiencias que no se sostienen suelen fracasar no por limitaciones tecnológicas sino por la ausencia de un modelo de financiamiento del trabajo profesional asociado y por la falta de integración con los flujos clínicos existentes9. La integración al portal de pacientes preexistente —reutilizando turnos y resultados— es estratégicamente acertada porque aumenta la probabilidad de adopción. Quedan pendientes dos definiciones que las direcciones médicas e informáticas deberán abordar: la articulación con la plataforma institucional de teleconsultas para los encuentros sincrónicos, y la incorporación de estudios realizados en otras instituciones, requerimiento explícitamente diferido por su complejidad. Este último punto conecta con un desafío sistémico —la fragmentación de la información clínica del paciente— para el cual la interoperabilidad efectiva mediante estándares como FHIR es probablemente el siguiente nivel de madurez.

Consideraciones finales

El estudio de Pellegrini y cols. constituye un punto de partida sólido y representativo del estado del arte en el diseño participativo de soluciones de salud digital en Argentina, con un modelo de proceso replicable a otras patologías crónicas. La agenda que se abre es multidimensional: estudios de impacto que vinculen la participación con desenlaces medibles —adherencia al seguimiento, calidad de vida, distrés psicológico—; análisis de costo-efectividad que respalden las decisiones de inversión; investigación implementacional sobre la dosis óptima del moderador; y evaluaciones de equidad que aseguren que estas herramientas no profundicen brechas. La invitación al lector profesional es a no concebir las comunidades virtuales como gadgets digitales periféricos, sino como infraestructura clínica de pleno derecho, con las exigencias de calidad, gobernanza y sostenibilidad que ese estatus comporta.

  1. Pellegrini D, Ibarra M, Ernst G, Quildrian S, Montaña MF, Silva C, Sommer J. Diseño centrado en el usuario de una comunidad virtual de pacientes con melanoma cutáneo: estudio mixto exploratorio secuencial. Fronteras en Medicina 2026;21:xxx.

  2. Hyzy M, Bond R, Mulvenna M, et al. System Usability Scale benchmarking for digital health apps: meta-analysis. JMIR Mhealth Uhealth 2022;10:e37290.

  3. Zhang S, Bantum EO, Owen J, Bakken S, Elhadad N. Online cancer communities as informatics intervention for social support: conceptualization, characterization, and impact. J Am Med Inform Assoc 2017;24:451-9.

  4. Cohen J, Patterson P, Noke M, Clarke K, Husson O. Development and evaluation of the Canteen Connect Online Health Community: using a participatory design approach in meeting the needs of young people impacted by cancer. Cancers (Basel) 2021;14:50.

  5. Suarez-Lledo V, Alvarez-Galvez J. Prevalence of health misinformation on social media: systematic review. J Med Internet Res 2021;23:e17187.

  6. Veinot TC, Mitchell H, Ancker JS. Good intentions are not enough: how informatics interventions can worsen inequality. J Am Med Inform Assoc 2018;25:1080-8.

  7. Norman CD, Skinner HA. eHEALS: The eHealth Literacy Scale. J Med Internet Res 2006;8:e27.

  8. Marelli L, Lievevrouw E, Van Hoyweghen I. Fit for purpose? The GDPR and the governance of European digital health. Policy Stud 2020;41:447-67.

  9. Shaw L, Jazayeri D, Kiegaldie D, Morris ME. Implementation of virtual communities of practice in healthcare to improve capability and capacity: a 10-year scoping review. Int J Environ Res Public Health 2022;19:7994.

Autores

Gonzalo Rojo
1Hospital Británico de Buenos Aires, Argentina.
Sofía Landi
Summum, Uruguay.

Autor correspondencia


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Revista Fronteras en Medicina
Número 01 | Volumen 21 | Año 2026

Titulo
Del “Dr. Google” a la comunidad clínicamente moderada: comunidades virtuales como espacio de cuidado en pacientes con melanoma cutáneo

Autores
Gonzalo Rojo, Sofía Landi

Publicación
Revista Fronteras en Medicina

Editor
Hospital Británico de Buenos Aires

Fecha de publicación
2026-03-31

Registro de propiedad intelectual
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